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La tortilla: el nuevo negocio de los cárteles que afilan sus cuchillos.
El crimen organizado ha transformado la tortilla en un negocio estratégico, controlando desde el cultivo del maíz hasta el precio final, impactando directamente en el bolsillo de los consumidores.
Crimen organizado: control absoluto sobre la tortilla
El crimen organizado ha escalado su interés más allá de las clásicas extorsiones a tortillerías. En diversas regiones de México, estas mafias han logrado adueñarse de toda la cadena de producción de la masa y la tortilla. Desde el cultivo de maíz, el suministro de agua y el transporte del grano, hasta la venta de insumos y gas, cada eslabón parece sometido al yugo criminal. El resultado: millones de familias mexicanas ven reflejado el impacto de este control en el precio final del producto básico por excelencia.
La tortilla: un blanco estratégico para organizaciones criminales
La tortilla no solo sacia el hambre; se ha convertido en un negocio estratégico que los grupos delictivos manipulan con amenazas, extorsiones y control territorial. Esto ha desdibujado la línea entre el precio de mercado y la presión ejercida por estos grupos, donde cada kilo ya no depende de costos de producción, sino de la coerción ejercida por los criminales.
Según Homero López, presidente del Consejo Nacional de la Tortilla, este fenómeno afecta de lleno el bolsillo de los consumidores, ya que el incremento de extorsiones y sobreprecios ha llevado a un aumento en el costo de la tortilla de entre 6 y 12 pesos por kilo.
Desde el maíz hasta la venta: el dominio criminal completo
En los cultivos, como en Sinaloa, el control de organizaciones criminales se extiende hasta el acceso al agua necesaria para los cultivos de maíz. Además, estas mafias interceptan camiones que transportan el grano a diferentes puntos del país, forzando a los choferes a pagar cuotas para recuperar su mercancía y continuar su trayecto.
Extorsiones y amenazas: una tortillería entre la espada y la pared
El siguiente paso en este entramado delictivo ocurre en el mercado de insumos. En varias entidades, delincuentes obligan a las tortillerías a obtener maíz, harina o gas exclusivamente de ellos. Este modelo de imposición se basa en amenazas directas, lo que genera incrementos artificiales en costos. Por ejemplo, una tonelada de maíz, que normalmente se vende en 7 mil 500 pesos, puede ser revendida a precios que alcanzan los 12 mil pesos por manos criminales.
Los resultados son devastadores para los pequeños negocios y consumidores. Los tortilleros se ven obligados a absorber parte de las pérdidas, pero inevitablemente trasladan estos costos al precio final. Se estima que entre 15 y 24% de las tortillerías en el país, alrededor de 20 mil establecimientos, están bajo el flagelo del cobro de piso o extorsiones.
Aquellos que se resisten a pagar enfrentan la violencia: ataques armados, incendios provocados, secuestros, amenazas o, en el peor de los casos, asesinatos.
Los cárteles dictan la ley del producto básico más consumido
Incluso la distribución local de la tortilla está bajo el control de mafias, que utilizan repartidores para actividades de narcomenudeo o vigilancia territorial. La Familia Michoacana y el Cártel Jalisco Nueva Generación destacan entre los actores que imponen cuotas y controlan la cadena alimentaria, mientras que en Guerrero, bandas como “Los Tlacos” y “Los Ardillos” también se dedican a la fijación de precios y el cierre de negocios.
En localidades como Iguala, los criminales amenazan a los dueños de negocios para imponer precios por debajo de los que el mercado dictaría. Esta situación revela un cinismo absoluto: mientras se reporta cómo el precio promedio de la tortilla alcanza cifras históricas, el impacto de la violencia y las extorsiones es ignorado.
Guerrero, Edomex y Sinaloa: epicentros del control criminal en la tortilla
El Estado de México se encuentra entre las entidades más afectadas por este fenómeno, llevando la vida de los habitantes de municipios como Tejupilco y Tlatlaya al límite. En Guerrero, ciudades como Iguala y Taxco sufren la presión criminal que afecta su economía. Y no se trata solo de esas regiones; los reportes incluyen casos en la Ciudad de México, Morelos y Quintana Roo, donde ya se sienten las garras del crimen sobre la comercialización de alimentos básicos.
La tortilla: un símbolo de control criminal sobre la economía mexicana
Expertos del sector advierten que esta situación ha evolucionado más allá del tradicional cobro de piso. Ahora las organizaciones criminales controlan proveedores, imponen rutas de distribución y manipulan costos de producción, convirtiendo la tortilla en un símbolo del poder que tienen sobre la economíacotidiana.
Cuando los grupos delictivos deciden cuánto cuesta el maíz, quién puede vender gas y cuánto debe pagar el consumidor por un alimento básico, el problema va más allá de la seguridad pública. Se transforma en un asalto directo a la alimentación y economía de millones de familias mexicanas, un drama del que todos somos cómplices al mirar hacia otro lado.

