Congreso
CIRT denuncia censura: ¿la reforma para anular elecciones es el nuevo golpe a la libertad?
La CIRT lanza una advertencia al Senado sobre la controvertida iniciativa de Ricardo Monreal, que podría poner en jaque la libertad de expresión y la actividad periodística en México.
La CIRT lanza alerta al Senado
La Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT) no se ha quedado callada ante la polémica iniciativa del diputado morenista Ricardo Monreal, que busca anular elecciones por supuesta injerencia extranjera. En una carta dirigida a Ignacio Mier, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, el organismo no escatimó en advertir sobre los peligros que, a su juicio, acarrearía este proyecto. No se trata de un mero capricho, sino de preocupaciones que podrían poner en jaque la libertad de expresión y el derecho a la información, todo por la vaguedad de la reforma.
Conceptos peligrosamente ambiguos
El plan de Monreal busca incorporar el artículo 78 Ter a la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral, con el fin de señalar como violaciones graves diversos comportamientos relacionados con “intervención”, “intromisión” o “difusión sistemática de desinformación” durante los procesos electorales. Sin embargo, la CIRT ha señalado que estos conceptos son tan vagos que su falta de una definición jurídica clara puede resultar en interpretaciones caprichosas por parte del Tribunal Electoral. Un menú de posibilidades que podría llevar a sanciones arbitrarias bajo el disfraz del control electoral.
“El principio de taxatividad, exigencia básica de cualquier norma sancionadora, no se satisface en la redacción actual”, argumentó la CIRT, presidida por José Antonio García Herrera. Un señalamiento que, para muchos, es más que una simple preocupación técnica; es una alerta roja sobre cómo podría reconfigurarse el panorama mediático en el país.
La autocensura acecha
La falta de claridad también puede abrir la puerta a escenarios indeseables. La CIRT advirtió que lo que podría considerarse “presión mediática” o “intromisión extranjera” es francamente confuso, lo que dejaría en un limbo jurídico a concesionarios, periodistas y productores de contenidos audiovisuales. Un par de ejemplos: muchas empresas afiliadas tienen accionistas extranjeros y colaboradores no mexicanos. ¡Propiamente un terreno pantanoso para la cobertura informativa!
En este contexto, muchos medios podrían optar por la autocensura, limitando su contenido o evitando ciertos temas que podrían atraer el ire del Estado. “La autocensura es una práctica tan perniciosa para una sociedad como la censura misma”, se lee en el reproche de la CIRT, una declaración que suena más trágica que el mismo intento de reforma.
¿Una reforma sin debate?
En lugar de apresurarse a aprobar una iniciativa tan problemática, la CIRT propone una discusión pública que involucre a especialistas en derecho electoral, medios de comunicación, organizaciones civiles y, por supuesto, a la ciudadanía. Pero claro, eso no parece estar en la agenda de quienes detentan el poder. La Cámara no se quedó de brazos cruzados y se ofreció a sostener mesas de trabajo con el grupo parlamentario de Mier para discutir las posibles repercusiones de la reforma.
La iniciativa de Monreal ha suscitado críticas no solo de la CIRT, sino también de otros sectores como organizaciones empresariales y partidos de oposición. El temor de que esta propuesta se convierta en una herramienta para judicializar elecciones y controlar los procesos mediáticos está en el aire. Es un escenario que en la teoría suena a novela distópica, pero que, en la práctica, podría convertirse en nuestra cruda realidad.

