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Jaime Castillo: el morenista de Zacatecas que sacudió la ética política con su agresión.

Jaime Castillo

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Jaime Castillo: el morenista de Zacatecas que sacudió la ética política con su agresión.

Jaime Castillo, secretario de Jóvenes de Morena en Zacatecas, fue destituido y enfrenta un proceso penal tras agredir a una conductora en un festejo; ¿dónde queda la ética política?

Jaime Castillo: La caída de un secretario de jóvenes en Morena

El secretario de Jóvenes de Morena en Zacatecas, Jaime Castillo, ha sido destituido tras el escándalo generado por un video en el que aparece agrediendo a una conductora durante la celebración del triunfo de la selección mexicana. La escena, que se volvió viral, muestra a la víctima intentando avanzar mientras Castillo se acerca de forma agresiva para propinarle un puñetazo en el rostro. Esta conducta ha llevado a que no solo se le separe de su cargo, sino que ahora enfrente un proceso penal.

Una trayectoria marcada por la agresividad

Jaime Castillo Castillo, egresado de Derecho de la Universidad Autónoma de Zacatecas, ya contaba con antecedentes cuestionables. Según el periódico ‘Excelsior’, sus compañeros estudiantiles lo habían señalado por actitudes agresivas. A lo largo de su corta carrera política, además de liderar la Secretaría de Jóvenes del Comité Ejecutivo Estatal de Morena, fue auxiliar de un diputado en el Poder Legislativo de Zacatecas y se le registró como diputado suplente de Morena. Sin embargo, no parece que su paso por el poder sea recordado por sus logros, sino por este deplorable incidente.

La reacción de Morena: Cinismo institucional

En medio de este torbellino, el comité de Morena en Zacatecas, en un intento de deslindarse de la conducta de Castillo, anunció a través de un comunicado que iniciarían procedimientos para separarlo de su puesto. Su reacción, lejos de demostrar una clara postura en contra de la violencia, suena más a un intento de limpiar la imagen de un partido que, en otras ocasiones, ha hecho poco por erradicar agresiones dentro de su estructura. “En Morena no hay espacio para la violencia en ninguna de sus expresiones”, dicen, como si no estuvieran al tanto de las actitudes de sus miembros.

Silencio incómodo

Aún más preocupante es el silencio de Castillo frente a la situación. Su falta de reacción refleja no solo una desidia, sino un desprecio hacia las consecuencias de sus acciones. En un contexto donde la violencia de género es un tema de gran preocupación social, este evento no puede ser una simple anécdota en la historia política de Zacatecas. Cada día que pasa sin que Castillo se pronuncie agrava la situación, como si su agresión a una mujer fuera solo un mal día en el trabajo.

La inercia de un sistema que parece tolerar tales comportamientos solo es el reflejo de un marco político que necesita revalorarse. Es un recordatorio de que aún queda mucho por hacer en la lucha contra la impunidad y la agresión en todos los niveles, especialmente cuando proviene de quienes se supone deben ser ejemplos a seguir. Mientras tanto, el espectro de la violencia persiste, advirtiéndonos de que Javier Castillo no es un caso aislado, sino un síntoma de una cultura que no se atreve a confrontar sus demonios.

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